Beltran Leyva: ¿que sigue?
Horizonte político /
José Antonio Crespo.-
La muerte de Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, es desde luego un buen golpe del gobierno en su estrategia antidrogas. Pero debe dimensionarse dentro del tipo de combate en el que ocurre: de tratarse de una guerra convencional, habría desaparecido uno de los generales del enemigo, lo que a su vez podría considerarse como un paso importante hacia la victoria. Mas, no siendo ésta una guerra convencional, los beneficios de este operativo quedan menos claros, desde los propósitos declarados de esta estrategia: reducir la violencia y la inseguridad. La participación de la Marina en tierra firme lleva a especialistas y observadores a sospechar que el Ejército quizá ya está penetrado por los narcos, y que desde adentro se podía dar el “pitazo” a Beltrán. No sería raro, pues todo lo que se aproxima al narco se vuelve corruptible. Los estadunidenses lo saben bien y por eso no involucran a su ejército en la lucha directa contra las drogas. ¿Es la Marina la única institución confiable que nos queda? ¿Hasta cuándo?
Por otra parte, ha dicho la DEA que “el reinado de Arturo Beltrán Leyva ha llegado a su fin”. Su reinado sí, pero no su reino, que probablemente continuará bajo un nuevo monarca. “¡El capo ha muerto: viva el capo!” La PGR ha señalado que es probable que sobrevenga más violencia entre los aspirantes a suceder a Beltrán Leyva, como suele ocurrir cada vez que desaparece un capo mayor. O bien, violencia entre ese clan y sus adversarios pues, dice el procurador Arturo Chávez Chávez: “Si (al grupo de Beltrán Leyva) lo ven débil, probablemente intenten fortalecer acciones para avanzar en territorio o en posiciones, y esto puede significar enfrentamientos entre ellos” (17/XII/09). El Chapo Guzmán y otros capos estarán celebrando —al igual que Felipe Calderón— la desaparición de El Barbas. La incógnita es cuántas víctimas inocentes provocará esa violencia de reajuste interno o de conquista de mercados. Pese al elevado costo social que eso suponga, alguien saciará la oferta hasta ahora cubierta por Beltrán. De eso, ni dudar.
Por otro lado, este operativo constituye un golpe contra la impunidad, misma que incentiva fuertemente el delito (organizado o no). La aplicación de la ley, la captura o la eventual muerte por resistir a la justicia, buscan inhibir al resto de la sociedad de incurrir en los mismos delitos que cometió el aprehendido-fallecido en turno (en este caso, Beltrán Leyva). Pero, dada la enorme rentabilidad del narcotráfico —a diferencia de otros delitos mucho menos fructíferos—, el efecto inhibidor de la aplicación de la ley no parece funcionar. Saben quienes se enrolan en los cárteles que fácilmente pueden perder la libertad o la vida —a manos del Estado o de sus respectivos rivales—. Y, sin embargo, el reclutamiento de jóvenes en las filas del narco no parece detenerse. ¿Por qué? La relación entre la situación social de la que provienen mayoritariamente esos hombres y la cuantía de las ganancias potenciales es tal, que son muchos los dispuestos a desafiar la ley y el Estado a riesgo de su libertad, su integridad o su vida.
Se atribuye a algún narcotraficante la frase: “Prefiero vivir cinco años como rey que toda la vida como güey”. Evoca la filosofía de piratas, corsarios y filibusteros, equivalentes en el siglo XVII a los narcos de hoy. En un diálogo imaginado con Henry Morgan, el escritor español Fernando Cobo hace decir al famoso pirata inglés: “La profesión de pirata es muy lucrativa… los jóvenes norteuropeos anhelan meterse a piratas… Entiendes el atractivo de la vida pirata entre la juventud, pudiendo enriquecerse en pocos años llevando una vida libérrima… Los piratas somos millonarios y derrochamos porque el oro es para convertirlo en placeres y buena vida… Quien puede morir al día siguiente debe divertirse como si el presente fuera el último de su vida, exprimiéndola mientras aún la posee… Nuestras diversiones son como la última voluntad de los condenados a muerte… más vale cumplir una vida plena y feliz, aunque sea más corta, que cien años de sufrimiento o aburrimiento” (Viajes por la historia, 2005). Mientras tanto, el Estado de derecho, y el Estado mexicano en general, se siguen debilitando en esta desgastante y contraproducente guerra, frente a la cual hay desde luego alternativas que no suponen rendirse (como las que aplican Europa y Estados Unidos, donde más consumo de drogas se registra).


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