Corrupto Pinochet
Plaza P煤blica /
Miguel 脕ngel Granados Chapa.-
Cuando el pr贸ximo jueves se cumplan tres a帽os de la muerte del general Augusto Pinochet, sangriento represor y dictador de Chile durante 17 a帽os, su viuda, Luc铆a Hiriart, puede quedar sujeta a un embargo y bloqueo de cuentas en uno m谩s de los procesos por delitos de car谩cter patrimonial que se siguen contra los herederos y el albacea del militar que traicion贸 a su jefe, el presidente Salvador Allende.
Durante mucho tiempo, aun desde los a帽os en que gobernaba con mano f茅rrea y sin reparar en el derramamiento de sangre de miles de v铆ctimas, se tuvo a Pinochet como un soldado que, inducido por sus convicciones, no vacil贸 en asesinar y encarcelar, deportar y hacer salir al exilio a quienes consideraba, en juicios sumar铆simos, que eran sus enemigos (la mayor parte de las cuales no tuvieron siquiera el derecho de audiencia). Sus partidarios lo endiosaron como a un salvador de la patria ante el peligro del comunismo, al que hab铆a que condonar cualquier sanci贸n porque el bien nacional que hab铆a conseguido al derrocar a la Unidad Popular y forzar la muerte de Allende era superior a los elevados costos en que se incurri贸 por la salud nacional.
Durante los a帽os en que se mantuvo en el mando del pa铆s, de 1973 a 1990, fue impensable llevar a Pinochet a los tribunales. Y aunque en la siguiente d茅cada, bajo los gobiernos de la Concertaci贸n, se intent贸 t铆midamente enjuiciarlo, todo conspiraba para mantener su inmunidad. Contaba con ella de manera formal como senador vitalicio. Ten铆a en su favor la inclinaci贸n de los mandos militares a su causa. El Poder Judicial era asimismo proclive a atemperar los ardores de las v铆ctimas y sus abogados, que exig铆an justicia. La sociedad chilena misma, si bien no estaba dispuesta a que se la hiciera pagar los costos pol铆ticos de la represi贸n, tampoco se manifestaba deseosa de abrir las p谩ginas de la negra dictadura sometiendo a quienes la protagonizaron a juicios sever铆simos, como s铆 ocurri贸 en la Argentina tan pronto como se restableci贸 la democracia. Si bien el presidente Ra煤l Alfons铆n tuvo que aceptar las leyes de obediencia debida y punto final, hizo tambi茅n que esa protecci贸n a los militares y marinos no encubriera a sus jefes, y la junta militar fue condenada.
Pinochet, en cambio, parec铆a quedar al margen de cualquier castigo, hasta que en 1996 el fiscal del Tribunal Supremo espa帽ol Carlos Castresana puso en vigor legislaci贸n penal de su patria que le permit铆a perseguir el delito de genocidio que, como crimen de lesa humanidad, no era prescriptible. Abri贸 as铆 la puerta para que en ejercicio de la jurisdicci贸n internacional, Pinochet fuera encausado por la Audiencia Nacional de Espa帽a. En octubre de 1998, fue detenido mientras realizaba una visita a la Gran Breta帽a, todav铆a gobernada por su amiga y socia Margaret Tatcher (a quien sirvi贸 contra Argentina en la guerra por las Malvinas, que hoy queda claro que sigue siendo territorio europeo). Se le acusaba de genocidio y de cr铆menes particulares cometidos contra s煤bditos espa帽oles y ciudadanos de su propio pa铆s.
La connivencia del gobierno laborista brit谩nico con el popular (en el sentido del PP, no de su pleno asentimiento por la poblaci贸n) de Espa帽a impidi贸 que el dictador fuera extraditado a Madrid y en cambio en marzo de 2000 pudo retornar a Chile, donde no hab铆a condiciones para enjuiciarlo, si bien se fueron construyendo tales condiciones mediante la paciencia y el valor de los deudos de sus v铆ctimas, de algunas v铆ctimas directas, y de atrevidos abogados y jueces chilenos. De ese modo, en agosto de 2000 se le priv贸 de la inmunidad parlamentaria y qued贸 sujeto a investigaci贸n por los delitos cometidos por la Caravana de la muerte, una brigada militar que recorri贸 penales chilenos para sacar de all铆 a inculpados por "delitos contra la patria" o por ninguno, no para ponerlos en libertad sino para matarlos sin tener que llevarlos a juicio alguno. Por la ejecuci贸n de 74 presos pol铆ticos qued贸 bajo arresto en su domicilio a partir de enero de 2001.
Una nueva causa penal, abierta por los cr铆menes de la Operaci贸n C贸ndor, fue adelante despu茅s de una nueva privaci贸n de su fuero. Aquella Operaci贸n, como se recuerda, fue concertada por los militares que usurparon el poder en Chile, Argentina, Uruguay para perseguir a sus opositores donde quiera que se encontraran, no s贸lo en sus propios territorios sino tambi茅n fuera de ellos. Hasta ese momento, los juicios penales cuadraban con la imagen que Pinochet hab铆a trazado de s铆 mismo: un militar patriota capaz de todo en defensa de los valores cristianos. Pero he aqu铆 que en septiembre de 2004 vino a saberse, porque se documentaron sus cuentas en la banca Riggs y otras instituciones semejantes, que el servidor de la patria hab铆a comenzado por servirse a s铆 mismo. Despu茅s de que aquel banco norteamericano admiti贸 sus responsabilidades, la causa fue sobrese铆da. Pero en abril de 2007 la Fundaci贸n Allende inici贸 varios procedimientos judiciales para que la fortuna mal habida de Pinochet, a nombre de su esposa Luc铆a Hiriart y el resto de su familia, no s贸lo no aproveche a quienes la usurpan, sino que sea destinada a resarcir (en lo que cabe, porque la vida y la integridad personal no tienen precio) a m谩s de 20 mil v铆ctimas de tortura, desaparici贸n y asesinato.
El juez Garz贸n fij贸 a la viuda de Pinochet, a su albacea y a ex funcionarios del Banco de Chile una multimillonaria fianza tras acusarlos por lavado de dinero. Si no la pagan, sus cuentas ser谩n congeladas.
Caj贸n de Sastre
Ayer jueves, en v铆spera de que concluya el t茅rmino para que los interesados en encabezar la Auditor铆a Superior de la Federaci贸n, quien todav铆a durante diciembre es su titular, Arturo Gonz谩lez de Arag贸n, avis贸 a la Comisi贸n de Vigilancia de ese 贸rgano, de la C谩mara de Diputados, que no participar谩 en el proceso. Sus razones son contundentes y el que las enuncie resta legitimidad a esa funci贸n de los diputados. Si bien s贸lo establece que tiene dudas "sobre la legalidad, la transparencia y la equidad del proceso", su significado es una condena al modo de actuar de la mencionada comisi贸n, que debi贸 avisar, con fundamento y motivaci贸n, al funcionario saliente las causas de que no respetara su expectativa de derecho de ser reelegido. La posici贸n en que se coloca le permitir铆a, adem谩s, iniciar un juicio de amparo contra las decisiones de los legisladores.


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